El músculo de la acción social evangélica durante la pandemia

En una de sus últimas publicaciones, la Oficina de Estadística Europea, el Eurostat, alertaba del crecimiento del desempleo en la mayoría de países del continente y del aumento del número de personas en riesgo de pobreza acelerado por el efecto de la pandemia. España es el país cuya economía se va a ver más afectada por la crisis de la Covid-19, según han apuntado instituciones como la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional, con una caída que oscila entre el 12% y el 14% del PIB.

Un panorama que ya se traduce en la cantidad de personas en situación de vulnerabilidad. De hecho, los últimos datos del paro muestran un incremento de cerca de 700.000 personas que han perdido su puesto de trabajo entre el mes de octubre de este año respecto al de 2019. Ante el aumento de la necesidad, las entidades e iglesias evangélicas españolas han intensificado sus esfuerzos a lo largo de los últimos meses para reforzar y ampliar la asistencia social. “En estos momento, las entidades evangélicas están haciendo un esfuerzo enorme en atender a las personas”, explica Sarepta Novio, coordinadora de Dignitat, la red de entidades e iglesias del Consell Evangèlic de Catalunya que realizan una labor social. 

“Comenzando por el Hospital Evangèlic, que hace una gran labor atendiendo a enfermos de Covid-19 y acompañando a sus familias, siguiendo con cualquier entidad o iglesia que hace reparto de alimentos, comedores sociales o residencias geriátricas evangélicas que lo están dando todo”, remarca. “Esto es una distinción de los evangélicos, el hecho de que nuestra fe nos lleva a estar disponibles en momentos de crisis para cualquier necesidad que haya”, añade.

Una respuesta única ante una crisis especial

Diversos medios de comunicación se han hecho eco del impulso en la acción social evangélica en respuesta a la crisis propiciada por el coronavirus. Las imágenes de largas colas de personas frente a iglesias o los locales de ONG evangélicas, esperando para llenar un carro de alimentos y bienes de primera necesidad, se han difundido en televisiones y periódicos. “Según el Banco de Alimentos, durante este tiempo de Covid-19, cuando muchas entidades seculares o parroquias han cerrado por falta de voluntarios y por miedo al contagio, solo en Cataluña, hasta 40 nuevas entidades evangélicas han comenzado a repartir alimentos”, señala Novio.

En Valencia, Misión Urbana ha sido una de las entidades evangélicas que ha reforzado su servicio durante los meses de epidemia sanitaria, centrándose en las personas en situación de sin hogar. “Las limitaciones que impone la situación sanitaria nos han llevado a concentrar nuestros recursos en atender a la población más vulnerable, en nuestro caso las personas en situación de sin hogar, con servicios básicos de higiene, ropa, y alimentos, pero de una forma totalmente distinta a la que estábamos acostumbrados”, asegura Emilio López, coordinador de la organización, en relación a los cambios que han tenido que realizar para adaptar la asistencia a la normativa de seguridad.

“Previo a la pandemia podíamos tener desayunos en turnos de 18 personas, 3 personas en las duchas y hasta 25 esperando su turno en los servicios de ropero. Ahora eso es inviable, pues al no poder haber aglomeraciones de personas, nos vemos obligados a atender uno por uno, con todo lo que eso supone”, apunta.

Acompañamiento, además de asistencia

Además de la provisión de alimentos y otros bienes de primera necesidad, una parte importante del trabajo de las entidades evangélicas se centra en asesorar a las personas y ayudarlas en los trámites con la Administración o en la búsqueda de trabajo. “Las necesidades básicas, a pesar de estar tradicionalmente asociadas con el asistencialismo, se han vuelto prioritarias”, matiza López. Sin embargo, dice, desde Misión Urbana Valencia ven también la necesidad de poner en marcha “un servicio de búsqueda de empleo y también uno de despensa para apoyar a las familias más vulnerables”.

“Es muy importante la labor de acompañamiento e información sobre los recursos que hay en la ciudad, los servicios sociales, adónde deben dirigirse, qué deben hacer para pedir asilo o regularizar su situación”, explica Sarepta desde Dignitat, en Barcelona.

“La colaboración de la Administración siempre es insuficiente”

Una gran parte de esas entidades realiza su trabajo en colaboración con organizaciones como el Banco de Alimentos, fundaciones y entidades privadas o con instituciones públicas. “La Administración ha dado apoyo a muchas entidades evangélicas que han estado ahí cuando no había nadie más. Cuando han visto que la labor se estaba haciendo bien, ha habido colaboración”, explica Novio. “Ahora bien, siempre es insuficiente y, a veces, mal organizada”, matiza.

Una visión que también comparten desde Misión Urbana en Valencia, donde lamentan que “la Administración pública toma decisiones sin establecer un diálogo real previo con las entidades que trabajamos en el día a día”. “El reconocimiento [institucional] que realmente es necesario no es el que se da de cara al público, sino el que se da en una coordinación minuciosa en el funcionamiento diario. Y ese, lamentablemente, es bastante escaso”, lamenta López.

#A1c#[photo_footer]Entrada del restaurante solidario Imperfect, en Castelldefels. / Facebook Imperfect[/photo_footer]

Un ejemplo de cómo las circunstancias también afectan a la necesidad de las entidades evangélicas que trabajan para paliar las necesidades sociales del momento es el del restaurante solidario Imperfect, vinculado a la Iglesia Evangélica de Castelldefels. El proyecto, que atiende a familias y forma y ocupa a personas en riesgo de exclusión social, ha lanzado una campaña de mecenazgo para cubrir parte de los recursos que han dejado de ingresar (el 60%) a causa del cierre al público de establecimientos de hostelería en Cataluña. “Imperfect provee de alimentación, desayunos y comidas a más de 30 personas, a las cuales no podemos dejar de atender durante la segunda ola”, dicen desde la entidad.

“Aunque por la normas sanitarias estamos cerrados, continuamos cuidando de los más vulnerables”, explican. Un cuidado que es imposible mantener con las subvenciones del Ayuntamiento de Castelldefels y las aportaciones voluntarias, que constituyen el 40% de sus ingresos. “Unos ingresos que destinamos exclusivamente a continuar ayudando a las personas”, añaden.

Desde Dignitat recuerdan que aunque las instituciones han hablado de ofrecer ayudas públicas, “hay entidades que todavía no han visto el dinero”. “Hay como una improvisación por parte de la Administración. Hace falta más agilidad para hacer llegar el dinero y más ayuda porque vienen tiempos muy difíciles. Es necesario que ese voto de confianza a las entidades sociales, también las evangélicas, se traduzca en ayudas económicas más amplias para poder gestionar mejor la situación”, remarcan.